Guatemala, 20 de octubre de 2026.- El presidente Bernardo Arévalo lamentó hoy el momento doloroso que vive Guatemala, que coincide con la conmemoración de la Revolución del 20 de octubre de 1944.
“Los déspotas nunca salen sin resistirse, y en el camino a la liberación de Guatemala, muchos héroes entregaron sus vidas. Sus nombres, sus luchas y sus ausencias son parte de la memoria de nuestra democracia”, indicó.
En una carta abierta publicada con motivo de la fecha histórica, afirmó que “este 20 de octubre lo conmemoramos en duelo” por los asesinatos del exfuncionario Juan Francisco Solórzano Foppa y del deportista Gustavo Adolfo Aguilar Gamarro.
“Este momento oscuro nos demanda unidad. Unidad para acompañar a quienes hoy lloran”, recalcó el presidente Arévalo.
Nos demanda también “firmeza para que la verdad y la justicia se establezca con pruebas, sin importar donde conduzca. Y responsabilidad, para que el dolor no se convierta en instrumento de nadie”, que no se lucre con la muerte.
Resaltó sobre la conmemoración que “hace 82 años, el pueblo de Guatemala se levantó contra la dictadura, derrotó el miedo y se atrevió a cambiar su historia”.
“Hoy, frente a quienes pretenden imponer nuevamente el silencio y la impunidad, tenemos una responsabilidad histórica: no ceder, no retroceder”, puntualizó.
Guatemala “ya aprendió que la violencia puede costar vidas, pero el miedo nunca debe tener la última palabra. Y esta vez, tampoco la tendrá”, aseveró.
“Por quienes ya no están, por sus voces y sus luchas. Por quienes día a día insistimos en que la justicia no se calle, que la verdad no se entierre y que la esperanza no se rinda”.
“Por quienes vendrán, seguiremos construyendo la democracia que nos legó con valentía la Revolución de Octubre”, destacó el presidente Arévalo.
Consideró que “a veces, una voz valiente se atreve a disentir, y su luz despierta otras voces, y otras más, que crecen como un clamor capaz de derrotar el despotismo y la opresión, para reemplazarlos con libertad y dignidad”.
“Así empiezan las grandes revoluciones. La nuestra fue así”.
“Esa madrugada de octubre de 1944, tras un largo período de silencio, las voces que reclamaban libertad, se multiplicaron hasta pulverizar un sistema atrasado, opresivo y ofensivo a la dignidad”, enfatizó.